Biografía de Julián Santos

Mª José Paredes Otálora 

Julián Santos Carrión nace en Jumilla el 15 de enero de 1908 en la Plaza Constitucional nº 7 de Jumilla. Hijo de Alfredo Santos de la Rosa, un reconocido director y compositor, y María Josefa Carrión, vivió desde sus comienzos rodeado de un entorno musical. Creció en una numerosa familia, eran ocho hermanos: Concha, Julián, Josefa (Apina) Elena, José María (Freg), Alfredo (Ferín) Antonio y Mª Dolores (Lola) 

En su casa todos sabían música. Todos tocaban la guitarra, incluso su madre que, además, cantaba muy bien. Su padre daba clase, en su casa, de piano, de canto, de violín, aunque como instrumentista se decantaba por el piano y el violonchelo. De los hijos, excepto Antonio, todos eran pianistas y, además, sabían tocar otros instrumentos: Ferín tocaba el fliscorno, Freg el bombardino y Julián, además de la guitarra y el piano, tocaba el clarinete, la flauta y el violín.

Era una casa repleta de música y de alegría, tal y como nos relata una de las hermanas de Julián, Dña. María Dolores Santos:

"[...] fíjate qué habitación, con ocho hijos, todo lleno de camas. Pero sin embargo era una casa que, mientras vivió mi padre, le decían la casa de la alegría, siempre había tanto niño, tocando el piano y cantando...

A veces, mi padre, cuando recibía algún dinero que le debían, se iba al "Pájaro azul", que era una tienda de ultramarinos, y compraba las cosas más exquisitas. Mi madre le decía: "¡Pero Alfredo, como te gastas el dinero en esto, si podríamos haber comprado mucho más!" pues hala, todos a comer. Éramos muy bohemios. Mientras vivió mi padre fue una casa muy feliz, todos los hermanos allí y Julián... Julián era la admiración de todos los hermanos..." (Información facilitada por Mª Dolores Santos Carrión).

Dos historias de amor similares

Todo comienza en 1898 cuando un compositor, Alfredo Santos de la Rosa organizó una estudiantina para recaudar fondos para los enfermos de Cuba. Entre las chicas que conformaban dicha estudiantina, había una jovencita de catorce años llamada María Josefa Carrión. Alfredo rápidamente se enamoró de ella pero la amplia diferencia de edad, pues le sacaba quince años, hizo que el padre de María Josefa, José, se opusiera a la relación.

Alfredo la esperó pacientemente hasta que cumplió diecinueve años. Durante todos esos años de espera las muestras de amor a Mari Pepa (como la llamaban todos) eran frecuentes. De ello da testimonio una de sus hijas, Doña María Dolores:

"[...] la quería con locura. Me contaba mi madre que iban a tocarle serenatas por la noche a su casa y le tocaban La Revoltosa, Mari Pepa de mi vida...

Recuerdo de ver, entre las cosas de mi abuelo, una cesta de aquellas grandes que le había mandado mi padre a mi madre desde Murcia llena de flores, y mi abuelo José (no lo conocí) la subió a la cámara y la colgó allí, y allí se quedó. Fíjate que nadie la tocó y allí estuvo toda la vida."

Una vez cumplidos los diecinueve años, Mari Pepa salió de su casa para casarse, el 16 de abril de 1904. No fue nadie de su familia, ni le dieron ajuar, ni dote, ni nada de nada, porque su padre pensaba que él se casaba con ella por dinero y Alfredo se negó a que nadie le diera nada:

"[...] Toda la casa la puso él (Alfredo) y, ¿sabes qué pasó? Que como los músicos de mi padre tenían su oficio, eran herreros, carpinteros, albañiles, etc., pues le hicieron muchos regalos preciosos, muebles, de todo. Me acuerdo de ver en mi casa un arca preciosa de madera con unos herrajes, y el nombre "Maria Pepa", unas tenazas para el fuego con sus iniciales. Todo eso se lo hicieron a mi madre los músicos de mi padre.

Cuando nacieron los primeros nietos, el abuelo empezó a ir a casa, aunque a mi madre no le dieron nunca su dote. Muriendo (su padre) le dijo a mi abuela: "arregla lo de Mari Pepa y dáselo, que le pertenece a ella". Era una viña que había por la parte baja de Jumilla. Pero la tía Amanda (hermana de mi madre) no lo arregló y se quedó con todo. Mi madre nunca lo tuvo en cuenta, la quería mucho."

Aunque parezca difícil de creer, muchos aspectos de las vidas de Alfredo y Julián siguieron cursos muy similares y el terreno amoroso no fue una excepción.

Alfredo Santos realizó numerosas representaciones en el Teatro Vico. Corría el año 1931 y se representaba El rey que rabió, de Ruperto Chapí. Como era habitual, Julián tocaba el piano acompañando a la orquesta que dirigía su padre. Pero esta vez fue distinto. En el coro había una chica que cambiaría la vida de Julián, María de la Asunción Espinosa de los Monteros y González Conde, que poco después se convertiría en su esposa.

                              Fotografía de la boda de Julián Santos con Mª Asunción

Hija del Barón del Solar de Espinosa, su familia no aprobó esta relación creyendo que Julián se casaba con ella por dinero, como ya ocurriera años antes con su padre. Este hecho no impidió que se casaran el 23 de abril de 1932 en la Iglesia del Salvador, aunque, al tratarse de un matrimonio no consentido, la ceremonia tuvo lugar a las tres de la madrugada, como era tradición por entonces. 

Él tenía 24 años y ella 23. La celebración estuvo a cargo de D. Jacobo Moreno Olivares, coadjutor de la Iglesia de Santiago y amigo de Julián. No asistió nadie de la familia de ella. Por parte de la familia de Julián, tuvieron un gran apoyo, según el relato de Dña. María Dolores Santos:

"[...] mi padre sacó un préstamo y celebró un convite estupendo. La banda tocó allí enfrente de la iglesia del Salvador que es donde se fueron a vivir. Mi padre pidió un préstamo porque no tenia dinero para tanto (porque era muy generoso, daba clases pero no las cobraba nunca, aunque luego mandaban cosas a casa como leña, etc., pero él no cobraba).

Me acuerdo que nos compraron a todos trajes nuevos para la boda, yo sentía por Asunción y ella por mí. Nos queríamos mucho. Yo tenía 5 años en la boda. Tengo una fotografía que nos estamos mirando ella a mi y yo a ella. Los padrinos de la boda fueron mi tía Elena y su marido Rafael, que era notario en Murcia, eran de muy buena posición y ayudaron a todo".

El matrimonio fija su primera residencia en una casa frente a la Iglesia del Salvador, que hace esquina con Cura Navarro y Canalejas. Allí la pareja ve nacer a su primer hijo el 19 de febrero de 1933, se llamaría Alfredo. Posteriormente se trasladaron al edificio del antiguo correos (donde ahora está la tienda de Gómez) donde el 8 de febrero de 1935 llegó al mundo su segundo hijo, Eugenio. La tercera y última de sus hijos, María Josefa (conocida como Mari Pe), nació durante la estancia del matrimonio en Murcia, el 28 de marzo de 1940.

Tras su vuelta a Jumilla de la aventura madrileña, vivieron unos días en el hotel España del Jardín del Rey Don Pedro. A principio de la década de los cuarenta fijan su residencia en la calle del Rico nº 14, conocida por todos como la casa del maestro.


Los inicios musicales

Procedente de una familia de tradición musical, ya desde muy pequeño Julián mostraba unas dotes musicales extraordinarias. Autodidacta principalmente, no recibió otra influencia musical que no fuera la de su padre. Nadie mejor que el testimonio del propio Julián para conocer sus primeros contactos con la música:

"Pues mira, yo empecé a los cinco años. Era organista en la Parroquia del Salvador. Yo iba a tocar con la criada, y ella me cogía: "nene, venga, vamos..." y yo pues tocaba la Misa del Gallo y al llegar el Sanctus tenía un sueño ya que no podía, y "¡nene, ten cuidado que te duermes!" (decía la criada), y yo pues nada, durmiéndome, tocaba la Misa. No me llegaban mis pies al pedalier, esto quiere decir que empecé..., yo qué sé, desde que empecé a hablar ya tocaba el piano."

Esa sirvienta era conocida como "La Cucharona". Antes de su intervención como organista, Julián compuso un pasodoble con ese título y le obligaban a tocarlo al piano en las visitas. Poco después seguía las sesiones de cine mudo, como él mismo nos relata:

"[...] A los siete años tocaba en los teatros, en los cines, que entonces también había que seguir en las películas; había una tormenta y había que hacer una tormenta en el piano. Entonces no había orquesta y los efectos sonoros tenía que hacerlos el pianista. Había que tener mucho ingenio para acompañar las películas. Que era un día gris, pues música gris..."

Con estas cualidades innatas para el piano, no es de extrañar que su padre se lo llevara siempre para que acompañara al piano a las compañías artísticas que venían a actuar en las numerosas representaciones que tenían lugar en el Teatro Vico. Su hermana, Dña. Mª Dolores cuenta los bonitos recuerdos que guarda de esa época:

"[...] una de las épocas de mayor esplendor fue cuando mi padre se quedó con el Teatro Vico, incluso teníamos una platea para nosotras, y puso obras estupendas y los mejores cantantes que había. Fue una época muy buena económicamente hablando. Julián, claro, tocaba con él, desde muy pequeño ya se lo llevaba siempre a tocar el piano."

Su labor como instrumentista no acaba aquí. A los once años entra en la banda "La Lira", que dirige su padre, tocando el clarinete.

A los doce años compone una de sus primeras obras, una Misa a dos voces, fechada en el año 1920. Poco después, cuando Julián cuenta con dieciséis años compone su primera opereta, Sueño de niña (1924), que será estrenada posteriormente con mucho éxito. De este mismo año conocemos otra obra, esta vez para el piano, titulada Raro pensamiento.

Del año 1925, concretamente del 2 de octubre, data un Fox-trot para piano llamado Topacan. Con dieciocho años, esto es, en el año 1926, aborda su segunda opereta, El Embrujado Rey que será estrenada en 1933. Realiza una pieza para piano, Destellos fechada en Jumilla el 21 de septiembre de 1926. Desconocemos si fue estrenada. Se tiene constancia de que en dicho año, Julián ya era profesor de música en Jumilla. Por estas fechas había compuesto un himno titulado A la patria querida, que fue interpretado por un grupo de niños en la Fiesta del Maestro el 1 de octubre de 1926 en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Jumilla.

En el año 1927 era ya un reputado organista, el organista de la Iglesia del Salvador. De 1928 conocemos una pieza escrita para la Semana Santa titulada Dolorosa, estrenada por la banda municipal, dirigida por el propio Julián.

Posteriormente fue destinado al norte de África (Melilla) para realizar el servicio militar, hecho que no le hizo alejarse de la música, sino todo lo contrario. Allí recibe enseñanzas de composición, siendo discípulo de D. Román de San José, músico mayor. Dirige la banda del regimiento, crea numerosas composiciones y realiza varios conciertos de piano

De este período sólo se conservan un par de piezas: L´horloge (One-Step) para piano, del año 1929 y una marcha militar titulada Paso al frente, fechado en el año 1931.

No sabemos con exactitud el tiempo que estuvo Julián en Melilla. Aunque podemos asegurar, gracias a las dos composiciones antes citadas, que se encuentra allí desde 1929 y que permaneció hasta 1931. Podemos concretar un poco más su regreso, pues existen un par de piezas, Canción de cuna y Vals de las Ninfas, del 25 de septiembre de 1931, fechadas ya en Jumilla.

Al regreso a su tierra natal, dirige la banda de música del Patronato de Santa Cecilia. Hay noticias (por un artículo de prensa) de la celebración de un exitoso concierto a cargo de Julián en el que, entre otras obras, interpreta La moza de la Dehesilla (desconocemos si fue este su estreno). En esa crónica, podemos observar que, a pesar de que Julián goza de un notable éxito, la situación de la música en el pueblo no es muy halagüeña. A continuación, se reproduce un extracto de dicho artículo:

"La banda de música del Patronato "Santa Cecilia" dio el pasado domingo en el salón del Ayuntamiento, un selecto concierto que se vio mucho más concurrido de lo que esperábamos, ya que, por desgracia, actos de esta naturaleza no se prodigan en esta ciudad, razón por la que la afición a las Bellas Artes, nos atreveríamos a decir, es casi nula.

No obstante, sea por el entusiasmo que la nueva junta directiva ha sabido inculcar entre los indiferentes a la buena música, sea por la selección de obras a interpretar tales como: La Alsaciana de Guerrero; La moza de la Dehesilla de Santos Carrión y La Bruja de Chapí, el público acudió en gran número, aplaudiendo entusiasmado este gran concierto, que el maestro Julián Santos puso sobre los atriles. [...]

El variado y selectísimo programa fue entusiásticamente aplaudido, y los profesores, y muy especialmente su director, don Julián Santos, muy justamente ovacionados, por la primorosa y ajustada ejecución de estas joyas musicales. [...]"

La Verdad de Murcia, 27 de febrero de 1932


Por otro lado, Julián retoma su actividad como pianista, acompañando los espectáculos de su padre. Será en uno de ellos donde conoce a Asunción, con la que se casará el 23 de abril de 1932.

Además de acompañar dichos espectáculos, realiza numerosos conciertos acompañando a solistas .El primero del que tenemos noticias data de diciembre de 1932. Concierto de canto realizado en el Teatro Vico de Jumilla, interpretado por el "paisano y notabilísimo tenor Juan Tomás, acompañado al piano por nuestro no menos paisano e ilustre compositor D. Julián Santos Carrión"

Atraído por el mundo teatral, crea una compañía formada por veinte niñas, todas de Jumilla, con edades comprendidas entre los cinco y los diez años. Esta compañía recibirá el nombre de "Baby-Fémina" y con ella estrenará varios espectáculos. El primero de ellos tiene lugar en la Navidad de 1932 (días 23, 24 y 25) en el Cine Moderno. La obra se titula Cock-Tail, original Revista, dividida en dos actos y cinco estampas; libro y música de Julián Santos. Fue tal el éxito cosechado, que el espectáculo fue repuesto unos días después (6 y 7 de Enero de 1933).

Y no sólo eso, como continuación a la obra antes citada, también existe un Cock-Tail nº 2 y Cock-Tail nº 3, pero desconocemos cuándo fueron estrenados. Cock-Tail nº 3 es una humorada lírica en dos actos, el segundo dividido en dos cuadros. Conocemos un programa de mano, en el que aparece el día y lugar de la reposición (domingo 14 de agosto, en el Teatro Vico), pero desconocemos el año, aunque es muy probable que se trate de 1933.

Los éxitos con "Baby-Fémina" no acaban aquí. En diciembre de 1933 reaparece la compañía, esta vez con el estreno de El Embrujado Rey, una zarzuela en dos actos y cuatro cuadros, con letra y música del maestro Santos, compuesta en 1926. Realizaron dos funciones en el Cine Moderno de Jumilla, los días 30 y 31 de diciembre. Días después estrenaron en el Teatro Romea de Murcia. También allí contaron con dos días de función, el 15 y 16 de enero de 1934.     

En noviembre de 1934, Julián está montando una nueva revista, titulada Color, con su compañía de pequeñas "vedettes", para un próximo estreno. Algunos de los números de este espectáculo están extraídos de Cock-Tail.

A pesar de gozar de muchos éxitos en su vida profesional, los años 1933 y 1934 debieron de ser muy intensos para Julián en el terreno personal, pues ocurrieron varios acontecimientos importantes. Uno de ellos, el más amargo, es que fallece su padre, el respetado director y compositor, Alfredo Santos con quien tantas cosas ha compartido y, sobretodo, del que tanto ha aprendido. Por otro lado, una gran noticia, que es el nacimiento de su primer hijo, Alfredo. Una alegría que no duraría mucho pues, en 1934, su hijo cae gravemente enfermo. Gracias a una crónica de prensa sabemos que, en agosto de dicho año, el niño ya se encontraba muy mejorado.

 Julián, Asunción y su hijo Alfredo, recién nacido (febrero 1933).

Época en Murcia

A pesar de su gran envergadura, pues medía 1,92 cm., era una persona tremendamente miedosa. Por este motivo siempre se confesó apolítico.

En una época convulsa en el terreno político y mientras se fraguaba la Guerra Civil (1936-1939), Julián y su familia (incluida su madre y sus hermanos) se marcharon a la capital murciana. En primer lugar, para evitar los peligros propios de un pueblo en guerra: los vecinos se acusaban unos a otros, se cometían crímenes y ejecuciones, etc. Por otro lado, por razones económicas, pues en un pueblo en guerra, ¿de qué podía vivir un músico? Era muy complicado y en la capital habría más oportunidades.

No sabemos con exactitud cuándo se trasladaron a Murcia. La primera pieza fechada allí, de las que se conservan en el Archivo familiar, es una canción gitana titulada Araceli, que data del 26 de mayo de 1936. A pesar de esto, hay datos que hacen pensar que podrían estar en Murcia antes de esa fecha, pues existe cierta actividad musical en dicha ciudad: en primer lugar se sabe que estrenó una opereta titulada Salomé en el Teatro Romea en el año 1935 (es la única información de que disponemos) y, por otro lado, el 6 de mayo de 1936, Radio Murcia emite un gran recital a cargo de notables artistas, entre los que está el compositor y pianista, Julián Santos Carrión.

En julio de ese mismo año, vuelve a actuar para dicha emisora: "Concierto para piano a cargo del aplaudido compositor y pianista Julián Santos Carrión. Interpretará un escogido programa".

Durante su etapa en Murcia, el piano se convierte en su mayor fuente de ingresos; por un lado, tocando en cafés, fiestas, bailes, etc.; y por otro, dando clases particulares.

En plena Guerra Civil, se hace cargo, junto con Manuel Massotti Escuder, del Orfeón Murciano "Fernández Caballero":

"La Guerra no llegó a suponer suspensión total de actividades en la vida del Orfeón, aunque al principio de ella se quedó sin Director; pero se hicieron buenas gestiones ante estupendos profesionales, entiéndase D. Manuel Massotti Escuder y D. Julián Santos Carrión, quienes con un auténtico esfuerzo, cada uno en lo que podía, el primero ensayando y conjuntando, y el segundo en su función de gran instrumentador, dieron cima a la labor de montaje de obras como El huésped del sevillano, Las dos princesas y La marsellesa, estas últimas del maestro murciano (Fernández Caballero); pero, como confirmación de lo que antes apuntábamos, aconteció que, cuando ya se tenía todo preparado y se había solicitado de la Sociedad General de Autores de España el envío del material de orquesta de la primera de las tres zarzuelas, recibióse de Madrid una comunicación explicativa de que los tres juegos completos, que poseía la Sociedad, habían quedado bloqueados en la otra Zona, por lo que sentían enormemente no poderlas servir. Y Don Julián Santos Carrión pidió papel pautado, pues no disponía del suficiente, así como una botella de coñac y cigarrillos y, antes de 48 horas la orquesta estaba ensayando con el material que había proporcionado el nuevo instrumentador, y aquello sonaba muy bien, por cierto."

También durante la guerra, dirige los coros de "Altavoz del Frente". La primera actuación se realiza el 13 de marzo de 1937 en el Teatro Circo Villar de Murcia con motivo del acto inaugural de "Altavoz del Frente". Del 28 de diciembre del mismo año data otra intervención de dichos coros, dirigidos por el maestro Julián Santos, y en la que interpretaron numerosos himnos.

Existe un artículo de prensa, del que a continuación citamos un extracto, que hace pensar que quizá la labor de Julián no se limitó a dirigir los coros de "Altavoz del Frente", sino que también compuso algunos de los himnos de los que cantaban, aunque no lo sabemos con certeza.

"Hemos recibido en esta Redacción, atentamente dedicada por sus autores la partitura del himno homenaje a la URSS, música del maestro Julián Santos (Freddy) y letra de Julio Reyes. [...]"

El Liberal, 24-II-1938

Ya terminada la guerra, presenta en el Teatro Romea, con gran éxito, una opereta titulada Sueño de Niña, con libreto de Pedro Pérez de los Cobos y música de Julián Santos. El estreno tuvo lugar el 5 de diciembre de 1939, con motivo del Festival de Auxilio Social.

Unos meses después, participará en un festival celebrado en el Teatro Romea el 2 de febrero de 1940, organizado por la Hermandad de Excautivos. En éste, Julián dirige a la orquesta y se ocupa de la composición musical del evento; una serie de variedades (entre ellas, Fox, Morena, Canciones, Vals, Bulerías, etc.) y una estampa llamada 1800. Esta es la última actuación que conocemos de Julián en Murcia

En 1940, compuso dos zarzuelas; El Fantasma de la Tercia, zarzuela en tres actos con libreto de Joaquín García y Tierra llana, zarzuela en dos actos. No tenemos conocimiento de que ninguna de ellas se estrenara.

Julián nunca tuvo título de ninguna de las materias que dominaba. Después de la guerra se realizaron una serie de exámenes para la consecución del título oficial, pues la contienda bélica había provocado que mucha gente dejara sus estudios sin terminar. En el Conservatorio también se realizaron dichos exámenes; fue entonces cuando Julián vio la coyuntura para conseguir el título de piano, lo que le permitiría trabajar en el Conservatorio y tener una vida más holgada. Desconocemos las razones, pero finalmente las Autoridades académicas no facilitaron la consecución del mismo. Quizá esta sea una de las razones por las que Julián, poco después, se marchó a Madrid.

En el terreno personal, durante su estancia en Murcia, Julián vio nacer a su tercera hija, Mari Pé, el 28 de marzo de 1940. Pero, desgraciadamente, no todas las noticias fueron buenas. Sus hermanos Freg y Ferín fallecieron como consecuencia de la guerra. Doña Mª Dolores Santos nos relata lo que les ocurrió:

"Los dos habían terminado la carrera de derecho y Freg estaba preparando notarias. Los cogieron por la quinta y se los llevaron a la guerra. Allí Freg enfermó de tuberculosis, vino enfermo y murió en casa con 23 años (12 de agosto de 1937).


El pobre Ferín padeció más, porque lo llevaron de un sitio a otro. Cuando llegaron a la línea de Barcelona, lo pasaron a Francia a un campo de concentración. Terminó la guerra y no sabíamos nada de él. Un día se recibió una carta para el alcalde (que era muy amigo de ellos), para que mandaran una carta diciendo que él no era de ningún partido político, que era músico. Cuando lo trajeron del frente, venía muy enfermo y estaba como enloquecido con la enfermedad, tenía tuberculosis, y entonces no podía estar en casa. Lo mandaron a un hospital de Cartagena donde iban todos los enfermos de la guerra y allí murió (11 de septiembre de 1940), también con 23 años. Mi pobre madre no encontró quien la quisiera llevar a ver a su hijo antes de morir, porque avisaron que estaba agonizando, y tampoco pudo ir en taxi porque éramos muy pobres. Ella se murió con esa pena, de haber enterrado a sus dos hijos y, sobretodo, de no haber podido ver a Ferín antes de morir."

Etapa madrileña

A mediados del año 1941, Julián se marcha a la capital buscando nuevos aires. Se fue allí con la idea de estrenar Los Gerifaltes (zarzuela en tres actos), pero se encontró una situación muy distinta a lo que imaginaba. En plena posguerra, el público de ese tipo de espectáculos era muy escaso y, además, por aquella época en Madrid había dos hermanos, Inocencio y Jacinto Guerrero, que eran los dueños de los teatros y, por tanto, los que manejaban los espectáculos de la ciudad. Ellos, sobretodo, se dedicaban a estrenar sus propias zarzuela; quizá se sintieron amenazados por el talento de un "joven compositor de pueblo"y no le dejaron estrenar absolutamente nada.

Con este panorama, Julián tuvo que ganarse la vida de otra forma. Pronto encuentra un trabajo como pianista. En ese momento, cuando ya tiene un sustento económico, el resto de la familia, que por aquel entonces se encontraba en Murcia, se traslada a Madrid con él (su mujer y sus hijos) y fijan su residencia en la calle Narváez.

El cambio de rumbo en su vida laboral contribuyó a que su faceta como compositor se centrara más en la música para piano. Muchas de las obras que se conservan de la época madrileña son piezas para piano. La primera obra fechada allí es Yunque (canción), del 11 de julio de 1941. Del día siguiente data Pequeña Mazurca para piano. El 19 de julio compone Oriental, también para piano y el 27 de noviembre una gavotta titulada Clavecín arcaico.

En febrero de 1942 Julián recibe noticias de que su madre se encuentra gravemente enferma. Rápidamente se marcha a Murcia, pero no llega a tiempo de verla con vida. María Josefa Carrión Muñoz fallece el 24 de febrero de 1942 en Murcia y fue trasladada a Jumilla donde fue enterrada.

Este hecho produjo un gran dolor a Julián. Sus hijos todavía recuerdan verlo llorar cuando regresó del entierro de su madre. Según relata su hermana Mª Dolores, Julián estaba muy unido a su madre:

"Mi madre cantaba estupendamente y si vieras a Julián, era capaz de escribir en un momento una canción y le decía: "Mamá, ven y canta esto". Yo me ponía al lado del piano mirándolos allí a los dos con adoración porque a mi Julián yo lo admiraba. Mi madre decía: "¡Ay! Hijo qué música tan bonita", y las cantaba. Julián quería mucho a mi madre."

A su regreso a Madrid compuso una zarzuela, La Dama Embrujada (27 de marzo de 1942). No tenemos conocimiento de que fuera estrenada. De ella sólo se conserva la romanza del tenor.

Según el propio testimonio de Julián, durante su estancia en Madrid, acompañó a muchos artistas, y conoció a numerosos músicos. Todos ellos le animaban para que se marchara al extranjero, pues con su genio creador, podría hacer grandes cosas a nivel internacional. Incluso cuenta que el conocido compositor, Ernesto Halffter, le propuso irse con él a Alemania.

Julián sopesó sus prioridades. Tuvo que decidir, y eligió estar rodeado de la gente a la que quería, aunque eso conllevara perder grandes oportunidades a nivel profesional, como él mismo relata:

"Fui a Madrid buscando nuevas glorias. Allí todos estaban empeñados en que me fuera al extranjero, las artistas: "Usted se viene con nosotros, se viene a París" y todo el mundo me decía: "pero bueno, ¿por qué no se va usted, maestro?" y yo pensé que si me marchaba y me dejaba a mi mujer y a mis hijos, yo me enamoraba de una señora de aquellas y ya lo habíamos estropeado, porque yo no me dejaba a mi mujer así. Toda esa es la cuestión, el gran secreto mío "¿Por qué no se marchó usted?" No me marché por eso mismo, por mis hijos y por mi mujer, porque es lo que más he querido del mundo. Yo he estrenado en capitales, he tocado con grandes orquestas, pero ¿qué hacía con eso? Pues ahora estaría... Díos sabe... [...]

Finalmente, se despidió de la capital y regresó a su querida Jumilla natal.

Regreso a Jumilla

          Fotografía de Jumilla en los años 50          

Tras su vuelta a Jumilla, Julián y su familia se alojaron en el hotel España del jardín del Rey don Pedro. Unos días después, establecieron su residencia en la calle del Rico nº 14, que todavía es conocida por todos como "la casa de don Julián".

Una vez establecido, retoma su actividad musical en Jumilla, convirtiéndose éste en un período muy fructífero. Se hace cargo de la banda municipal, para la que creará infinidad de composiciones. Sólo en los años cuarenta encontramos:

Pasodobles: Pasodoble nº 1, nº 2 y nº 4 (1943), Agareno (1943), Balta Estambul (1945), Nostalgias (1945), Mantillas de Jueves Santo (1946), Ruzafa (1948), El vomito (1948), Viriato (1948), Macareno (1948) y Pérez y García (1949).

Marchas regulares, como San Juan (1945), Marcha Regular 1945 (1945), Gemina (1946).

Marchas de desfile: Talla (1943), Gamero picante (1946), Agencia Marsan (1947) y El 43 (1947).

Marchas fúnebres: Ecce Homo (1943), Saeta (1945), Llorona (1945), Luz (1945), Eternamente (1947), Cristo de la Misericordia (1948), La Campana (1949), La Pasión (1949).

Música religiosa: Himno al Sagrado Corazón (1943), Hijos somos del Carmen divino (1943), Bella flor del Carmen (1943), Sediento de amor (1943), Plegaria al Cristo yaciente (1943), Voy a ti Señor (1945), Salve (1945), Ave María (1945), Salve (1946), Motete (1946), Plegaria a la Virgen del Carmen (1947), Te Deum (1949).

Villancicos: Corre pastorcillo, Llamada de los pastores, Venimos del monte, Tierno Niño, Suena el pandero, El Rey Supremo, Duerme, Gloria, Pastorcitos, Los Reyes de Oriente, Se han ido los pastores, Alegría, Campanitas de Belén, Yo no quiero la nieve, Pajaritos, Llegaron a Belén, Triste melancolía y Purísima Virgen.

Todas estas piezas son interpretadas por la banda municipal, dirigida por Julián, en las festividades del pueblo (Semana Santa, Navidad, fiestas patronales, etc.)

               Julián, al frente de la banda, en una procesión de Viernes Santo

En la navidad de 1949, la banda municipal es disuelta. Al parecer, motivado por la irregularidad de sus conciertos y su mal funcionamiento. Se habla de la creación de un Patronato con el fin de reorganizarla y comprar nuevos instrumentos, en principio sólo media docena. Poco después, se preparó una nueva plantilla de profesores de cara a las actuaciones del verano de 1950.

Se conserva el documento oficial enviado al director de la banda, Julián Santos, en la que lo informan de la nueva situación:

"Se da cuenta de una Moción del Tercer Teniente de Alcalde, sobre reorganización de la Banda Municipal de Música, y después de estudiados por los reunidos cuantos extremos aduce sobre tal asunto, se adopta el acuerdo siguiente:

1º DISOLUCIÓN DE LA BANDA

2º Que el Ayuntamiento hace la declaración de que vería con gusto la constitución de una Entidad cultural y musical en Jumilla a la que subvencionaría ampliamente.

3º Que durante los meses de enero y febrero se le siga pagando al Director y Músicos.

4º Que se haga inventario por el Director de todo lo que existe en la Banda (instrumentos, uniformes, partituras, etc.) el que lo elevará a conocimiento de esta Corporación"

Jumilla, 30 de diciembre de 1949

A pesar de la gran cantidad de obras que compuso para la banda, nunca dejó de lado el mundo teatral. El 26 de marzo de 1944, estrena Domingo de panes jumillano en el Teatro Vico[32]. Poco después, esta obra será revisada y convertida en La moza de la Dehesilla, zarzuela en tres actos, letra de Rafael Soria y música de Julián Santos.


La moza de la Dehesilla se estrena en el Teatro Moderno de Jumilla, el 26 de junio de 1946 y, gracias a la prensa de la época, sabemos que el éxito fue apabullante:

"De fausto suceso artístico puede catalogarse el estreno de la zarzuela de costumbres La moza de la Dehesilla, estrenada en el Teatro Moderno por la Agrupación Artística "Euterpe", original de don Rafael Soria y don Julián Santos Carrión.

Tanto la letra del señor Soria, como la música del Maestro Santos, son dos joyas de verdadero arte, en las que se desgrana con exquisito gusto artístico, el folklore de las costumbres raciales de este pueblo. [...]

Los geniales autores, señores Soria y Santos, requeridos por los insistentes aplausos, hubieron de presentarse en el palco escénico, con el fin de recibir las ovaciones clamorosas del numeroso público.

A la siguiente noche, hubo de ser bisada la hermosa zarzuela, obteniendo el mismo clamoroso éxito y viéndose igualmente abarrotado de público el amplio local del teatro Moderno.

La Verdad de Murcia, 02-VII-1946

                 Estreno de La moza de la Dehesilla en el Teatro Vico, 1946

Un año más tarde, el 19 de noviembre de 1947, La moza de la Dehesilla se estrena en el Teatro Romea de Murcia, y el 24 de noviembre, en el teatro Cervantes de Abarán.

Entretanto, el 19 de junio de 1947, se da a conocer el fallo del Concurso Nacional de Zarzuelas organizado por Radio Nacional de España, en la que es premiada Los Gerifaltes, zarzuela en tres actos, con libro de Lorenzo Guardiola Tomás y música del maestro Julián Santos Carrion.

La obra tendrá que esperar algunos años para presentarse ante el público. A pesar de que la zarzuela atraviesa un difícil momento, será estrenada con gran éxito en el Teatro Apolo de Valencia el 1 de febrero de 1951, por la compañía lírica de Francisco Bosch (un famoso barítono de la época).

 Lorenzo Guardiola y Julián Santos 1951

A continuación, se reproduce un extracto de una entrevista al citado barítono, momentos después del estreno, en la que habla de Julián y de la situación musical del momento:

"-¿Está satisfecho con la obra? -preguntamos a Bosch, ya en su camerino.

- Muchísimo; el maestro Santos dará muchos sustos a algunos. Es un músico de mucha talla.

Y al mirarlo nos convencemos de que sí, porque a nosotros nos debe pasar más de un metro.

-Con esta zarzuela y otras que vendrán -sigue Bosch- no podemos hablar de crisis.

-¿Confía usted en que puede haber una renovación del género chico?

- Plenamente, con el Concurso de Radio Nacional se ha roto ya el hielo. Sólo hace falta que se continúe"

Las provincias, 2-II-1951

El 9 de febrero, estrenan en el Cine Moderno de Jumilla y, días después en Cieza. En ambos casos consiguieron un rotundo éxito. El día del estreno en Cieza, volvieron a entrevistar a Francisco Bosch:

"-¿Está usted contento con la obra, señor Bosch?

- Contentísimo y como en otras ocasiones he manifestado con esta zarzuela y con otras como esta, ya no se puede hablar de crisis, y además, y me refiero al maestro Santos, algunos deben sujetarse las zapatillas."

Después de que Julián intentara, allá por los años cuarenta, estrenar Los Gerifaltes en Madrid, es muy probable que los cometarios de Bosch "el maestro Santos dará muchos sustos a algunos" y "algunos deben sujetarse las zapatillas", vayan dirigidos a los Guerrero que, no sólo rechazaron el estreno es esta zarzuela, sino que no le dejaron estrenar absolutamente nada.

Precisamente, y con relación a dichos temas (los Guerrero y la situación de la zarzuela), se conserva una interesante carta, de ese mismo año, enviada desde Madrid por un gran amigo de Julián, Juan Cutillas, de la que a continuación reproducimos un fragmento:

"En tu carta del 25 del pasado mes me preguntabas por El canastillo de fresas y como no lo había visto, pues di la callada por respuesta. Por fin la vi y el tal "canastillo" puede quedar en una "canasta de moras negras", y va que arde. El inolvidable maestro Guerrero está ya en la región del recuerdo y no es cosa de adjetivar su obra con crudeza, pero como sus colaboradores libretistas viven, y que sea por muchos años, van por ellos los juicios que me merece el tal canastillo. De no haber sido por esta temporada lírica subvencionada por el Estado, que se concedió al maestro Guerrero, creo que ese canastillo se habría quedado en el lugar que le corresponde; en el rincón del olvido; cubierto de polvo y telas de araña. Lo han montado y presentado con mucho decoro artístico, como era obligado por el rango de la empresa artística que el Estado subvencionó, y ha tenido que coincidir la muerte del autor, con la oportunidad de un público y musical homenaje, para darle un continente de categoría a un contenido de una mediocridad manifiesta.[...]

Cada vez más, y no lo digo a humo de pajas, veo en ti el más auténtico valor de la lírica zarzuelera actual, y sin duda alguna, tu momento ha de llegar, como llegó la luz promisora de los renacimientos artísticos en otras épocas en absoluta decadencia. El derrumbamiento de todo el actual tingladillo no ha de hacerse esperar, pues esto, como actualmente quiere mantenerse, no hay quien lo aguante".

Juan Cutillas Guerrero.

Madrid, 17 de diciembre de 1951

Al parecer Los Gerifaltes podría haber tenido un éxito todavía mayor, pues según una carta del empresario Jorge Castell, pudo haber sido estrenada en Barcelona, aunque desgraciadamente no fue así:

[...] "Con referencia a su obra Los Gerifaltes debo manifestarle que la presenté al teatro Victoria de Barcelona y me daba treinta días de contrato a base de la obra, pero no lo he podido hacer a causa de estar distanciado de usted" [...]

Jorge Castell

Barcelona, 14 de julio de 1951

El siguiente espectáculo que Julián montará se llamará Farruca, fantasía folklórica arrevistada en dos actos dividida en siete cuadros, libro original de Camilo Valenzuela y Antonio Paso, música del maestro Julián Santos.

A pesar de que la obra será estrenada en 1953, tenemos conocimiento de que Farruca ya estaba compuesta en febrero de 1949. Se conserva una carta que uno de los autores del texto, Camilo Valenzuela, le escribe a Julián (Sevilla, 20 de mayo de 1948), de la que se desprende que están trabajando en "Farruca" e intentando conseguir dinero para su montaje.

De un mes antes data un bonito poema, dedicado a Julián, escrito por Valenzuela, que quizá realizó cuando ya estaban inmersos en la creación de la obra:

A mi querido amigo Julián Santos:

Tú debiste nacer en el Templo del Arte

Un día romántico de mayo.

A tus pies sirenas morenas jugaban

Con tu primer juguete... ¡un rayo!

Y tuvo algo de sueño tu musa desnuda,

Y tu música tuvo pasiones de lago.

¡Por algo Dios te hizo,

pintor, músico y poeta...Julián Santos!

Y fue porque el mundo se asombrara

De que la risa pueda hacerse llanto.

¡Tú debiste nacer en el Templo del Arte

un día romántico de mayo!

Camilo Valenzuela. Jumilla a 20-5-1948

A pesar de que todas las obras que Julián había estrenado en su tierra habían tenido mucho éxito, Farruca fue una obra especial para el pueblo de Jumilla.

El montaje de la obra fue distinto a las dos últimas representaciones, pues Julián en este caso, no contó con una compañía profesional. Organizó una compañía de artistas "amateurs" a la que llamó "La Farándula", para ello realizó unas pruebas en el pueblo para elegir a sus actores.

Según el testimonio de una de las protagonistas, Liber Navarro, todo el mundo quería participar en el espectáculo del maestro. Incluso en los ensayos, el público abarrotaba el teatro. Por aquellos entonces, la función del maestro era la atracción del pueblo.

Uno de los niños que contemplaba los ensayos desde las butacas del teatro era Joaquín Medina, que posteriormente sería alumno y amigo del maestro, que narra sus recuerdos del montaje de Farruca:

"me vienen a la memoria con total claridad, aquellos momentos de 1953 en los que lo veía bajar por el pasillo central del teatro con su cartera marrón de piel en la mano, sus dotes de consumado pianista y su manera de dirigir a los actores aficionados, enseñándoles las canciones, expresiones, ademanes...En suma, un auténtico director teatral y todo un espectáculo."

La obra se estrenó el 10 de abril de 1953 en el Teatro Vico. El éxito fue tal, que tuvieron que realizar veinticinco representaciones ininterrumpidamente, alternado el Cine Moderno y el Teatro Vico, con lleno absoluto en todas ellas. No es de extrañar que Farruca se convirtiera en todo un símbolo del pueblo de Jumilla.

                       Estreno de Farruca, 10 de abril de 1953

"La Farándula" no se limitó a representar Farruca. Por las mismas fechas del estreno, la compañía también presentó Evocación de Carmen, apunte de zarzuela en un acto de Lorenzo Guardiola y Julián Santos. Y unos meses después, 29 de noviembre del mismo año, con una de las reposiciones de Farruca en el Teatro Vico, estrenaron un sainete lírico en un acto, libro de F. Sanz y música del maestro J. Santos Carrión titulado La dicha colmada o La pava de Mercedes.

De la temporada 1953 también conocemos un par de conciertos de su faceta como pianista. El 21 de agosto participa en un concierto-recital de clarinete en el que acompaña al piano al eminente profesor Rodolfo Giménez, clarinete solista de las Orquestas Filarmónica y Radio Nacional del Barcelona. Interpretan un variado programa, cerrando el concierto con una obra del maestro jumillano: Boceto español, compuesta en 1952.

Existen un par de cartas que el padre de Rodolfo, José Giménez, envió a Julián. En una de ellas le adjunta partituras de clarinete y piano, entre ellas el conocido Concierto para clarinete y orquesta de Mozart, para preparar un concierto a su llegada a Jumilla.[46] Por la otra carta, conocemos que Julián le compraba instrumentos para la banda, pues José Giménez poseía una tienda de instrumentos musicales en Barcelona.

El 1 de octubre de 1953, con motivo del día del Caudillo, Julián interpretó un concierto para piano en la Sociedad Recreativa de Cazadores de Yecla. Aunque este concierto es el único del que se conserva programa, el maestro tocó allí innumerables veces. Incluso antes de la guerra, ya solía ir a Yecla para tocar en dicha Sociedad, y una vez regresó de Madrid, retomó la costumbre. Julián allí disfrutaba mucho, según relata él mismo:

"En la Sociedad Recreativa de Cazadores de Yecla había un piano, y cuando iba allí a tocar, enseguida se corría la voz: "¡el señor Santos ha venido!" y venía toda la gente, y se llenaba aquello.

Había un presidente que era muy gracioso, su mujer se llamaba Juanita; se ponían a bailar tangos argentinos ellos dos. Era para ver aquello... yo tocando, y ellos, más serios que nada, bailando...Y la gente, ¡uff! Se lo pasaba en grande, era un acontecimiento.

Guirao, de aquí de Jumilla, me lo decía: "vámonos a Yecla". Llegamos y montábamos una allí... Cuando ya nos veníamos, se montaban en el coche y me decían: "¡usted no se marcha, que no, que no se marcha usted!"

Ya que conocemos el programa de dicho concierto, merece la pena que nos detengamos a examinar el repertorio que el maestro interpretó:

En primer lugar, del programa se desprende que era un virtuoso del instrumento, pues algunas de las obras, como la Rapsodia húngara nº 2 de Liszt, son de una complejidad técnica muy elevada. Por otro lado vemos que sus gustos musicales se centran principalmente en la música del romanticismo, y la del impresionismo, cuestión que corroboramos al ver los libros para piano que conformaban su biblioteca:

Poseía partiuras de Liszt, como la Campanella y las Rapsodias húngaras nº 2 y nº 7; de Debussy, La mer, Estampas, Imágenes; Sonatas de Haydn; de Chopin tenía Estudios, Preludios, Valses, Baladas; de Grieg, Cuadros poéticos y Piezas líricas; de Smetana, Tabor; piezas de Scriabin, Bela Bartok, de Ravel, de Schumann y de los compositores españoles, algunas piezas de Granados, entre ellas Goyescas y de Albéniz, Asturias, Granada y, lo más importante, la Suite Iberia, en la que trabajó muchos años analizándola y revisándola de manera brillante.

                        Julián tocando el piano en su casa de la calle del Rico

Esto nos aporta una valiosa información, pues quizá estas obras fueron la única influencia a nivel musical de tuvo Julián en sus años de madurez. Influencias que se observan de manera manifiesta en la Suite Santa Ana para piano, una de las cumbres de su producción, compuesta en el año 1954.

También de Yecla, se sabe que en marzo de 1958, el Cuadro Artístico de Jumilla presentó la zarzuela El señor Joaquín, de Sorozábal, dirigido por el maestro Julián Santos.

Continuando con el año 1954, ya en su actividad como director, dirige el coro de chicas del Cursillo de Extensión Cultural, y de chicos del Bachillerato laboral.

Unos años más tarde prepara otro espectáculo, Jaime Alfonso el Barbudo, estampas de romance divididas en dos actos, que será estrenada el 25 de febrero de 1956.

En la década de los cincuenta, además de los espectáculos y piezas anteriormente citadas, el compositor jumillano prepara numerosas piezas para ser interpretadas por la banda, la cual, después de ser disuelta en el año 1949, reorganiza, con la energía que lo caracteriza, unos años después.

Para la banda compone y estrena, durante los años cincuenta:

Marchas fúnebres: Jesús Prendido (1955), Getsemaní (1957), Nueva (1958) y Para siempre (1958).

Marchas regulares: Opla (1956) y Corpus (1957).

Pasodobles: Peña feliz (1951), El otro (1953), Los últimos de Filipinas (1955), Jimenillo (1955), El capitán (1957), Dami (1957), De mi Jumilla de antaño (1957).

Marchas de desfile: Au revoir (1957).

Parece ser que a finales de la década de los cincuenta, la banda se vuelve a disolver. En 1961, Julián, inmerso en el Patronato de Santa Cecilia, reorganizará una nueva banda de música que llevará el nombre de "Agrupación Musical Santos Carrión", que recibirá subvenciones y ayuda del Ayuntamiento.

Hemos pasado por alto otra de las grandes cualidades de Julián, y una labor a la que dedicó mucho de su tiempo y esfuerzo: la enseñanza de la música. Nada mejor que el testimonio de uno de sus alumnos, don Joaquín Medina, para conocer esta faceta del maestro.

"En alguna de las conversaciones que Julián mantuvo con mi padre, una vez creada la Asociación Musical Santos Carrión, le sugirió que me convenciera para asistir a su escuela de música con el fin de prepararme lo suficiente y, posteriormente, formar parte de esa banda. Así conocí a Don Julián como profesor y su valía en el aspecto docente, inculcando siempre en sus alumnos ilusión y espíritu de superación. Su preocupación esencial en la Academia era el solfeo, no escatimando esfuerzos para lograr un elevado nivel en esta disciplina. Una vez que superabas la última lección del método Eslava, y me refiero a tiempos pretéritos, te daba un instrumento.

Para ello, además de tener en cuenta la capacidad solfística, consideraba también ciertos aspectos de la persona y no era raro el que mirándote muy fijamente te dijera: "tú vas a ser un buen trompeta", o "que buen clarinete va tener la banda", o ya, de una manera más expresiva, le espetase al aspirante alguna frase de cosecha propia relacionada con el apreciable tamaño de sus labios y que le hacía ser un seguro candidato a tocar el bajo. Y era verdad, acertaba siempre. Tenía una facultad extraordinaria, no referida exclusivamente a cuestiones musicales, para conocer la persona a primera vista.

Los instrumentos no tenían secretos para él, los enseñaba todos, ya fueran tan dispares como una flauta o uno de percusión. Para preparar a sus alumnos en su empleo no utilizaba método editado alguno, el método lo hacía él y para ello se bastaba con su talento, precisando sólo un trozo de papel pautado, pluma y tintero. Escribía las lecciones para cada alumno e instrumento, teniendo siempre en cuenta las aptitudes de cada uno. ¡Eso si era una enseñanza totalmente individualizada! Todavía conservo y repaso algunas veces las hojas, ya amarillentas, en las que me anotaba los ejercicios de clarinete.

Además de su faceta como compositor hay que tener muy en cuenta su trabajo como arreglista de obras. Casi todas las que colocaba en los atriles, aparte de las suyas, eran arreglos que hacía. Era muy raro ver en las carpetas obras en partituras impresas. Conocía su banda y las posibilidades de sus músicos, adaptando por ello el papel de los distintos instrumentos a las características individuales de cada intérprete con la finalidad de lograr el máximo resultado artístico. Por eso todo sonaba, el músico tocaba únicamente aquello que podía, que era lo que el Maestro le había escrito para él. Nada quedaba al azar. Además, con el fin de que no se pasasen por alto las alteraciones de las notas, las recordaba constantemente en el lugar correspondiente y, si aún así se te olvidaba en determinados momentos, te lo advertía sobre la marcha con frases muy típicas de él."

Sabemos que Julián, impartió clases de solfeo y piano durante la mayor parte de su vida en su casa de la calle del Rico. Por una carta de Manuel Massotti Escuder, director del Conservatorio Profesional de Música de Murcia, conocemos que los preparaba para examinarse en dicho conservatorio.

Ya en la década de los sesenta, el 19 de junio de 1963, gana el tercer premio en el Concurso Nacional de Pasodobles, convocado por el Ayuntamiento de Cartagena, con Obsesión. Dicho pasodoble será estrenado por la banda de Mula el 26 de junio de 1966.

Los premios no acaban aquí. En agosto de 1966, el maestro gana el tercer premio del I Festival Nacional de la Canción Lírica de Aspe con Montaraz.

A continuación mostramos un contrato de actuación para la Semana Santa de 1966, que nos da una valiosa información sobre la abundante labor de Julián y de la banda, durante las citadas fiestas en Jumilla:

"En Jumilla, a uno de abril de 1966, reunidos, de una parte y en nombre de la Comisión Permanente de Fiestas de Semana Santa, D. Juan Lila Albiñana, como Secretario General; y de otra D. Julián Santos Carrión, Maestro Director de Música, y acuerdan:

1º- El Sr. Santos Carrión se compromete a actuar, como Director, de la Agrupación Musical de esta ciudad, en las Fiestas de Semana Santa, cuyo contrato ha sido firmado por dicha Agrupación, y que son las siguientes: Procesión de Palmas y Recibimiento del Cristo, en Domingo de Ramos; Miércoles Santo; Jueves Santo; Viernes Santo (mañana y noche), Domingo de Resurrección, y acompañamiento del Cristo el día de la Romería.

2º- El precio de su actuación como director de la Agrupación indicada, será el de SIETE MIL PESETAS que recibirá de la siguiente forma:

El 50% a la terminación de la procesión del Domingo de Ramos. El resto, a la terminación de la procesión del Domingo de Resurrección.

Del repertorio que interpretaban nos da testimonio Joaquín Medina:

"Conocedor a fondo de las fiestas locales, tenía elegido un repertorio adecuado para cada circunstancia y momento. Para procesiones como las de Domingo de Ramos, bulliciosa y de paso irregular, hacía sonar, por sus características, la Marcha Indú. Las marchas que llamaba "regulares" como Santa Rita, Virgen Preciosa, eran las que acompañaban otras como la del Corpus, subida y bajada del Cristo; y para las de Jueves Santo o Viernes Santo, sobre todo la del Santo Entierro, las marchas fúnebres; principalmente las compuestas por su padre, siendo la que lleva el nombre de "Vieja" su preferida, diciendo de ella con voz lúgubre cuando sonaba que ya olía a muerto. Sus pasodobles son generalmente muy jumillanos, rebosando alguno de ellos genuino folclore local, como es el caso del titulado "De mi Jumilla de Antaño". Todas las marchas fúnebres y pasodobles que componía, fuesen más o menos concienzudamente realizados, tienen para mi un sello común: poseer melodías muy características y expresivas, de una belleza musical difícil de igualar; melodías que calan muy hondo en el ánimo de quien las escucha."

De marzo de 1967 data una interesante entrevista realizada por el periodista García Martínez a Julián Santos, también con motivo de la Semana Santa. En ella el maestro nos desvela, desde cómo están compuestas sus marchas fúnebres hasta la opinión que le merece la situación musical de la época:

"Yo he tenido ocasión de escuchar las marchas fúnebres de los maestros Santos y he visto llegar a Jumilla gentes de fuera que iban de una calle a otra, contemplando el desfile cuatro o cinco veces, con el único propósito de seguir las interpretaciones de la banda. He visto también al maestro, entre sus músicos, alto, calvo y de andares cansinos, con una gabardina muy corta, pues tiene alergia a los uniformes...

-¿Cuál es el secreto, el misterio o la explicación, de estas marchas nuestras?

-La melodía es exquisita y se envuelve en un inquietante patetismo. Un ritmo que se aleja del rigor de las marchas regulares.

-¿Es complicada la técnica, si es que se puede hablar de técnica?

-Sencillísima. La Vieja, por ejemplo, compuesta por mi padre, está montada sobre palos y cañas. Empiezas a desmenuzar y no encuentras nada. Puedes decir que cambiaría toda mi producción por esta marcha.

-¿En qué están inspiradas las marchas fúnebres?

-En los salmos, generalmente. Las compongo a ritmo de compás de compasillo y, como te digo, son tristes y melancólicas. Son marchas de Levante. Sólo se tocan por aquí. Julián al frente de la banda en una procesión de Semana Santa

-¿Cómo ve usted el panorama de la música actual?

-La música está en crisis, en decadencia. Dicen que está ya todo hecho y por eso algunos tratan de encontrar fórmulas nuevas, abandonando unas normas clásicas de las que, a mi juicio, no se puede prescindir. Mira, es absurdo que existan disonancias en las partes fuertes y en los reposos. Es como si te dicen que, porque la cosa es original, debes tomarte el chocolate mezclado con gasolina. No puede ser, por muy novedoso que resulte el invento. Yo creo que lo que hay que hacer es matizar, esto es, tratar de superarse dentro de la gran obra musical que nos precede.

-¿Está desanimado?

-No. He elegido vivir aquí, en aislamiento y me va bien. Hay demasiado mindongueo en el mundillo musical. Pero no, no me desanimo. Compongo todos los días. Lo que ocurre es que, a lo mejor, y para variar, me dedicaré al negocio de granjas, que me han dicho que es muy rentable... ¿comprendes?, tú tienes una gallinas y tengo entendido que la única molestia es ir todas las mañanas a recoger los huevos. He de pensarlo...

-¿Y la zarzuela?

-Allá quedó. Es otro desastre. No se estrenan obras nuevas. Es inútil tratar de levantar la zarzuela a base de la "fiel espada triunfadora" y las lagarteranas. ¡Una lástima! Por otro lado, las corrientes extranjeras... Ya todo es igual. No queremos volver a lo nuestro, a nuestros clásicos. En España nos sobra personalidad, pero somos unos pobres hombres. ¿Tiene explicación que a un señor que se llama Ricardo le digamos Richard? Eso es lo que está pasando en el arte y en la literatura. Padecemos una enfermedad mimética. Nos ocurre, con lo que nos llega de fuera, lo que a esos pastores que llevan mucho tiempo entre el ganado: que acaban por hablar con el mismo timbre de voz que las cabras..."

La Verdad de Murcia, 24 de marzo de 1967

Con esta situación, no es de extrañar que a finales de la década, cree un grupo, al que llamará "Los Yulis", para hacer otro tipo de música más moderna (Julián toca en un órgano eléctrico), que amenizará las verbenas del pueblo. Actúan en las fiestas patronales de los años 1966 y 1968. Gracias a la prensa de la época, podemos conocer un poco mejor este peculiar conjunto:

Julián tocando con "Los Yulis"; años 60

"Esta noche se celebra, en el Murcia Parque, la tradicional verbena que todos los años organiza la Asociación de la Prensa. [...] Finalmente, la comisión organizadora ha decidido incluir una atracción de categoría máxima: "Los Yulis", un conjunto que, aun siendo moderno, se atreve también con la música de ayer y de siempre. Y todo ellos dentro de una gran dignidad, ya que todos sus componentes son profesionales de la música, cualidad muy rara entre las agrupaciones de hoy."

La Verdad de Murcia, 25 de junio de 1966

"El maestro Santos Carrión es actualidad en nuestra ciudad. Porque sabemos de su modestia, eludimos toda entrevista, pero no podemos dejar de señalar que a gusto del público jumillano, don Julián es, junto con el cantante Tony D´Arce, por él descubierto, favorito de sus paisanos y hombre merecedor de todo encomio por su labor organizadora musical al frente de los festejos nocturnos del jardín del Rey Don Pedro, y especialmente por los conciertos que al órgano eléctrico ha venido dando en estos festejos patronales en el Parque Municipal.

En efecto, hay que escuchar ávidamente para comprender que la novedad del órgano eléctrico no era suficiente para cautivar a sus paisanos, de no mediar unas manos, un sentido de interpretación propio como derrocha el maestro Santos. En cuatro grandes conciertos al órgano, acompañado por su cuarteto, interpretó cuatro selecciones zarzueleras de Millán, Chueca, Guerrero; dos pasodobles propios, Embrujo café, y Obsesión, éste premio nacional en concurso de composición hace pocos años, y la fantasía Domingo de panes, inspirada en una tradición muy popular jumillana. Otras interpretaciones al órgano fueron: Balada morena, de Werda; La canción del olvido, de Serrano; En un mercado Persa, de Ketelbey; Katiuska, de Solazabal; El asombro de Damasco, de P. Luna; La Alsaciana, fantasía de Guerrero; La del Soto del Parral; La leyenda del beso, de Soutullo y Vert; La Calesera, y hasta veintitantas composiciones.

La Verdad de Murcia, 25 de agosto de 1968

Como vemos, Julián sigue dando muestra de su buen hacer en cualquier terreno (aunque fuera en un grupo de verbenas), lo que siempre le reportó infinidad de elogios, y lo que es más importante, el cariño y el respeto de la gente.

Los Yulis, años 60

A pesar de las críticas a la situación del género lírico, durante el año 1969 suben a los escenarios dos obras del maestro Santos: Sueño de niña, en el mes de enero-febrero (desconocemos el lugar) y Los Gerifaltes, en Cieza el 29 de marzo.

De esta época se conserva una carta (un fragmento, pues está inacabada) en la que Julián escribe a su amigo Julio Reyes sus impresiones sobre su situación personal y el momento que atraviesa la música de la época. A continuación reproducimos el fragmento:

"Estamos en una época decadente tanto en pintura, literatura, música, etc, y todo esto es la suma de una humanidad insensata, hipócrita, y lo que es peor, de una estructura, diríamos, materialista y falta de pudor que aterroriza, ¿qué va a salir de todo esto?

Nada. Volvemos otra vez a empezar. La historia se propaga. No hace nada más que repetirse. Después volverá de nuevo a renacer, y todo lo espiritual, noble y bueno, quedará donde estuvo. ¡El mundo no se puede detener! De acuerdo. Pero conservando los valores clásicos que es de donde la juventud parte para descubrir nuevos horizontes si los hubiere diáfanos, y no mancebados por una corriente de depravación y falta de decoro a la sociedad en donde se respira, y se ha de vivir, para dejar atrás una venda limpia de escollos.

Bien basta ya de "rollos". Al grano.

Has de saber que todos estos años mi vida ha sido ingunta y laboriosa. Llegué a dar conciertos de piano en Cajas de Ahorros, Institutos, Casas Culturales. Tuve compañías líricas estrenando obras mías. He formado artísticamente a muchos alumnos que hoy son directores de bandas Civiles y Militares. He ganado varios concursos nacionales y, entre otros, el premio Luis Almodóvar en los Festivales de España...etc...

Bien, pues con todo y con estas cosas no ganaba lo suficiente ni para comprar tabaco, y hoy gracias a la música pornográfica estoy ganando dinero. Que esto ultimo no está bien en mí?.... De acuerdo. Pero la prosa de la vida pasa como una losa, y aunque para comer no me hace falta dedicarme a esta bazofia musical, la realidad es que..."

Jumilla. 7 de octubre de 1969

En 1970 es nombrado director de toda la organización musical de la feria y fiestas de Jumilla por encargo municipal. Prueba de ello es una de las cartas que se conservan, escrita por un conjunto musical, llamado Los Atlantic, para que Julián los vuelva a contratar para esa temporada:

"Querido maestro Santos:

Esperamos que al recibo de esta se encuentre tan bien de salud como en fechas anteriores.

El mayor motivo de ésta, aparte de saludarle, pues nos agrada mucho, es para hacerle saber que en abril acabamos el contrato que tenemos aquí en Italia y nos marcharemos a España para hacer toda la temporada de verano, pues tenemos miles de ofertas.

Nosotros queremos hacerle saber a usted, ya que fue para nosotros un gran placer haberle conocido el verano pasado, y quedamos tan ilusionados y a gusto tanto con el pueblo de Jumilla como con usted, que este año sería para nosotros, otra nueva ilusión volver a actuar en Jumilla y compañía suya.

Como verá se lo avisamos con mucho tiempo por delante, porque esta vez para mayo ya tendremos cubiertas todas las fechas hasta el mes de octubre, debido a que lo estamos preparando ya todo desde aquí en Italia.

Sé que para usted tal vez sea demasiado pronto para dar una contestación concreta, pero por favor no lo deje de la mano ni olvide, si usted cree que nuestro conjunto puede interesarle para este año. Usted ya nos conoce y sabe como respondemos y cómo suena el conjunto.

Así pues querido maestro Santos, esperamos también sus triunfos y sus noticias con la mayor brevedad posible.

Sin otro particular por el momento, reciba el abrazo y saludos afectuosos de todo el conjunto LOS ATLANTIC. Un saludo a toda su orquesta."

Milán, 21 de febrero de 1971

A finales de ese mismo año sucede el hecho más doloroso de la vida de Julián. El 29 de diciembre de 1971 fallece su esposa, doña Asunción Espinosa de los Montero, a la edad de sesenta y tres años. Ya nada volvería a ser igual.

Unos años después, su gran amigo, Julio Reyes, dedica unas bellísimas palabras al maestro y en las que queda reflejado como este suceso cambiaría a Julián para siempre.

"Alguien dijo -y creo habérselo oído decir a Pemán- que España es el "país de los grandes entierros". Fácil, muy fácil es colegir que el autor de la frase quiso decir que somos más propensos a llorar la muerte de quien tanto debimos aplaudir en vida.

Y aquella frase viene pintiparada a un ARTISTA (todo mayúscula), a un artista que se llama Julián Santos Carrión. Si en los cielos existiera una Santa Pigricia, Julián sería su pigre más devoto. Julián ha hecho mucha obra y muy buena, pero... ¿la ha dado a conocer? Si a él placía, sí, pero si él veía la más ligera mota de imperfección, con suma displicencia la troceaba y... ¡a la papelera! Si no hubiera hecho esto, los "filolíricos" conoceríamos mucha obra que él despreciaba porque a él no le gustaba, pero que a nosotros, el mundillo musical, nos hubiera delectado enormemente.

Pero él era así, él es artista puro. Como tal, así Beethoven con los conciertos, Wagner con sus óperas, Chopin con sus polonesas y el Vives con sus zarzuelas. Para poner los pentagramas en los atriles, tenían que estar seguros de la mayor perfección de sus obras.

Como conozco a Julián Santos muchos años (ocho o nueve lustros), estoy pretendiendo reflejar cómo ha sido hasta hace más de tres años. Pero todo árbol, por bonito que sea, puede ser abatido por el huracán. Ese huracán truncó el más bello árbol que existe: la mujer amada... Precisamente, el nefasto enero de 1972, al caer ese árbol para siempre, cayó también el ánimo dichoso, la ilusión de vivir y la inspiración musical. Virtualmente, al irse su aristocrática esposa, Julián fue con ella: su musa inspiradora murió también... Y ya el Julián de hoy, el Julián sin su adorada esposa, es como un alma viviente. Es como un alma que, ya por inercia, se distrae impartiendo su maestría, se distrae solamente enseñando a los jóvenes a tener alma viva, alma musical, alma sensible...

España es el país de los grandes entierros; pero, por suerte para los amigos, Julián-hombre aún vive. Aunque, por desgracia para sus aduladores, Julián-artista padece la peor enfermedad: porque Julián está enfermo del alma...

Aplaudimos en vida su obra los que le conocemos, como, también, avergüéncense los que ignoran su maestría musical. Que luego no lloren, ni plañen que sea de vergüenza por haber ignorado que si Viena tuvo a Franz Peter Schubert, Murcia tiene (y por muchísimos años lo tenga) a Julián Santos Carrión."

JULIO REYES

11 de julio de 1975

Los últimos años

En 1973 estrena su última obra, Cosmos, humorada lírica en dos actos, letra de José García Martínez y música del maestro Santos. Compone esta obra para ayudar a unos jóvenes que necesitaban dinero para un viaje de estudios, según relata él mismo en una entrevista:

"Una tarde un grupo de alumnos del Instituto tomaban café en "La Pecera", un local reservado exclusivamente para ellos. Discutían cómo conseguir dinero para hacer un viaje, y a alguien se le ocurrió venir a verme. Fue un rasgo de confianza el proponerme la formación de una compañía. Yo había hablado ya anteriormente con las madres de muchos de estos chicos, así que a todo el mundo le pareció muy natural la idea.

-Don Julián, ¿qué pasa con la música en Jumilla?

-¿Qué cosa pasa? que estrenas o haces alguna cosa... y el público no te entiende. No sé qué le gusta a la gente... parece que lo único que quieren es ir a las discotecas...

-Don Julián es compositor. Ha tenido compañía propia y ha llegado a estrenar diversas piezas -más de 200­-; entre ellas, Los Gerifaltes.

-Soy Premio Nacional de Música; varias veces. "El Luis Almodóvar de los Festivales" me lo dieron hace dos años... Pero a nadie le interesa esto. Yo vivo aquí porque quiero. Porque me gusta la tranquilidad de mi casa. Y salgo poco. Pero el mundo está muy mal; está desquiciado. Si yo supiera que alguien me dijera: "usted es el autor de La Parrala", por ejemplo, me pegaba un tiro. Fíjese.

-¿Por qué?

-¡Hombre, por la pornografía! Porque es que en la música, hay pornografía también... La Parrala es música decadente. Música para beber y bailar. La música es una cosa noble. Un autor tiene que saber a dónde va. Pero un señor que se le acabe la letra y diga: "La, la, la...", tú me diras... 

Desgraciadamente, observamos, en una entrevista de 1980, que en los últimos años de su vida se encontraba abatido:

"[...] Falta protección, la situación de la zarzuela es esta. Necesita que la protejan, que haya hombres entusiastas. Yo creo que estamos en una época decadente, ya no en la zarzuela, sino en todas las cosas. Yo no sé lo que ocurre, queremos ser muy originales y hacemos unas cosas muy raras...

-¿Es cierto que hay unas gestiones para enviar La niña del boticario a la reina Sofía?, ¿incluso que la reina lo reciba a usted?

Es cierto, y yo llegaré y le diré:"Majestad, aquí estoy". Yo no tengo inconveniente. Si lo malo de esto es que no te dejan, si yo llamo a todo el mundo, a quien quieran, a los mejores maestros, pero esto de estrenar es tan difícil... Aquí no se puede estrenar ni se puede hacer nada, aquí es morirse de aburrimiento, hacer una cosa y decir, pues bueno, déjala ahí, y si mañana suena la flauta, pues sonó... Es muy difícil, no hay protección ninguna.

-¿Qué le queda por alcanzar?

Primeramente estrenar La niña del boticario, y si yo tuviera la suerte de estrenar esas obras que tengo, entonces escribiría más. Es que ya se me han quitado las ganas de escribir, de verdad. Esa sería la meta mía, escribir un buen libro, en definitiva, no dejar de trabajar, pero es que se te quitan las ganas."

Finalmente, La niña del boticario, opereta en dos actos con letra de Lorenzo Guardiola, compuesta en 1945, no fue estrenada en vida del autor. Incluso dejó escrito en la partitura: "Para estrenar después de mi muerte". Y así fue. Se estrenó en Jumilla, en el Jardín de la Glorieta el 15 de agosto de 1988. Posteriormente fue grabada por una reconocida discográfica.

En 1980 se crea la Asociación Jumillana de Amigos de la Música con el objetivo de fundar una banda de música para Jumilla. Entre los proyectos está la puesta en marcha, nuevamente, de la Escuela de Música, la cual empieza a funcionar en febrero de 1980, dirigida por el maestro Santos Carrión, con el que colaboran otros profesores.

El sábado 12 de abril, con el salón de actos del Ayuntamiento de Jumilla lleno de vecinos que acudieron a la convocatoria realizada por la directiva de la Asociación de Amigos de la Música, para escuchar el breve concierto con el que hizo su presentación de la Banda de Música de Jumilla, los 50 músicos infantiles, jóvenes y adultos, interpretaron varias composiciones de su director, Julián Santos, con gran maestría.

Primera foto de la banda de la Asociación Jumillana de Amigos de la Música, marzo de 1981

Conocemos el testimonio de D. Joaquín Medina, que nos da una valiosa información sobre los últimos años de Julián, en los que convivió con el maestro, ya que se encargaba del Archivo de la Asociación.

"Tras un paréntesis sin banda de música en Jumilla, Don Julián se hace cargo, en el año 1980, de la Escuela de la Asociación Jumillana de Amigos de la Música con el firme propósito de dotar a nuestra ciudad de la agrupación musical que nunca debió perder. Es en este tiempo cuando más contacto tuve con él, estando a su lado casi todas las tardes mientras impartía sus clases de solfeo e instrumentos; hecho que para mí era algo fuera de lo cotidiano, disfrutando plenamente de la manera de trabajar y de su compañía, sobre todo de ésta en los momentos de descanso, aprendiendo siempre algo nuevo de la personalidad de tan notorio jumillano. Lo vi entonces más ilusionado que nunca, con unas ganas enormes de proporcionar a Jumilla una gran banda de música. Evoco una de las reuniones de la Junta Directiva de la Asociación, celebrada en los días postreros del año 1980, en la que alguien le preguntó si se atrevía y era capaz de que hubiese una banda en Jumilla para presentarla en la Semana Santa del año siguiente (hay que tener en cuenta que precisaba preparar un elevado número de músicos muy niños todavía); pregunta que, tras tener la respuesta acorde con su carácter y que se la podrán imaginar aquellas personas que lo conocían bien, la tomó como un reto personal. Y no sólo se atrevió sino que lo logró de manera satisfactoria, a pesar de los precarios medios con los que contaba en esos instantes y con un instrumental en general que casi contravenía la ortodoxia musical.

También tengo presente su imagen ante ese atril de hierro especialmente construido para él, irradiando una personalidad arrolladora y transmitiendo todo aquello que deseaba obtener de sus músicos, a los que dirigía utilizando la voz, los gestos y las manos, movidas éstas con precisión, elegancia y energía. ¡Y no hablemos del fino oído que poseía! Había que verlo afinar. Incluso cuando más recientemente y merced a los avances tecnológicos comenzó a utilizarse el afinador electrónico, decía que le bastaba el sentido auditivo para hacerlo sin necesidad de artilugio alguno.

Los ensayos eran, además de un trabajo imprescindible, un foco de cultura; un momento para la tertulia que indefectiblemente se producía al término de los mismos. Siempre quedaba un tiempo para escuchar de labios de Don Julián divertidas anécdotas acaecidas en el mundo de "La Farándula" y hechos ocurridos en nuestro pueblo, así como intervenir en jugosas conversaciones que denotaban una amplia cultura en el Maestro, no circunscrita sólo a los temas de música. Durante la etapa más reciente en la que dirigió la Banda he considerado siempre como de extraordinario el trabajo que realizó preparando las actuaciones, por encima incluso de lo que sus posibilidades físicas le permitían, desarrollando la tarea en un local al que debía acceder por una escalera poco cómoda y teniendo que ayudarse en algunos momentos de un sillón colocado sobre una tarima.

En las actuaciones que se hacían en la calle como procesiones y pasacalles cuidaba que la interpretación fuese la que debía de ser, como si de un concierto se tratase. Colocado la mayoría de las veces al final de la formación, entre los clarinetes, dominaba por su altura física todas las hileras de músicos y era raro que alguien pudiera escabullirse de su tarea. Caminando entre esas hileras iba haciendo rectificaciones y dando consejos, a la vez que la falta de atención de los más jóvenes la hacía percibir con alguna frase irónica que te volvía a la realidad inmediatamente.

A finales de agosto de 1981, con motivo de la primera celebración de la fiesta de Santa Marta organizada por el grupo de profesionales de los bares de nuestro pueblo, sufrió una caída en el atrio de la Iglesia de Santiago al iniciarse la procesión. Este hecho, junto a su estado de salud, motivó que a partir de ese momento no pudiese volver a subir las escaleras del salón de ensayos, habilitándose una de las aulas de solfeo en la planta baja del edificio para realizar su trabajo. Finalmente, sus muchos achaques y otros motivos ajenos a él, que no viene al caso mencionar en estos momentos, hicieron que el diecisiete de octubre de dicho año presentara su dimisión ante la Junta Directiva mediante una escueta carta que quiero leerles y de la que deduzco que todavía le quedaban ánimos para seguir en una de las facetas de su trayectoria musical. Carta que decía así:

"Muy señores míos: Por motivos de salud me veo obligado a presentar mi dimisión irrevocable como Director de esa agrupación, con el deseo de que me sea aceptada, sin que por ello y de una forma desinteresada pueda colaborar con ustedes siempre que mis conocimientos sean requeridos. Atentamente, Julián Santos Carrión".

Días después se presentó en la academia para despedirse de sus músicos. Rememoro aquella noche en la que fue palpable la consternación de todos los que lo escuchamos. Tras sus palabras de adiós y de ánimo para seguir hacia delante hubo un gran silencio. Sentí, al igual que aquellas personas que lo queríamos, una enorme tristeza y unas sensaciones internas indescriptibles. De esta manera, así de sencilla, nos dejó profesionalmente y puso el epílogo a su labor como maestro y director de varias generaciones de músicos. Tras su muerte, apenas dos años más tarde, dejó un gran vacío cultural en Jumilla, compensado únicamente por su recuerdo y su obra."

Julián muere en Jumilla el 3 de julio de 1983.

Las muestras de cariño al maestro fueron innumerables.

                         Julián con su nieto Eugenio Junio de 1966

 Entre ellos, un bonito poema escrito por un gran amigo suyo, Ernesto Miracle:

EL ÚLTIMO BOHEMIO

Ha muerto un niño grande.

Un niño grande ha muerto.

Ha muerto un día cualquiera

En un lugar cualquier de su pueblo.

¡Ha muerto el maestro Santos:

el último bohemio!

Sus furias desatadas

Y la ironía tremenda de su genio,

Eran la cobertura que él usaba

para ocultar su corazón inmenso.

¡Era tan noble

que se avergonzaba

de ser así,

Sencillamente bueno!

Y lanzaba sus flechas ingeniosas

Y sus hachas de hierro,

En todas las direcciones

Hasta cubrir la rosa de los vientos.

¡Y las gentes pequeñas

(que no lo comprendían)

no se lo perdonaban al maestro!

Ha muerto un niño grande.

Un niño grande ha muerto.

Ha muerto el maestro Santos.

Se apoderó la tierra de su cuerpo.

¡Cataratas de notas musicales!

¡Borbotones de música y de sueños!

¡Melodías en arpas enlutadas,

venid, venid al vuelo,

a llenar el vacío que ha dejado

su corazón inmenso!

¡Que ha muerto Julián Santos:

el último bohemio!

Ernesto Miracle

El 23 de marzo de 2003, Julián Santos Carrión es nombrado Hijo Predilecto de Jumilla a título póstumo.

Hoy día, veinticinco años después de su muerte, Julián Santos está más vivo que nunca. Sus obras se siguen estrenando con gran éxito, y cada vez conocemos más de este gran ARTISTA. Espero, con esta pequeña biografía, haber puesto mi granito de arena para este propósito.