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Música Sinfónica

Julián realizó también sus incursiones en la música sinfónica con unas cuantas obras como los Preludios Elegíacos, el Romance Brujo o la Suite Santa, completada esta última por Roque Baños, quien orquestó también los poemas sinfónicos Iris, Hypnos y Tanathos. La totalidad de estas obras fueron grabadas en noviembre de 2008 por la Orquesta Ciudad de Praga bajo la dirección de Roque Baños.

Además de estas obras sinfónicas mencionamos también la orquestación por parte de su nieto Eugenio Santos, de la colección de marchas fúnebres del compositor, de las cuales en algunos casos el había iniciado la orquestación sinfónica, y que fueron grabadas por la Musica Viva Symphony Orchestra de Moscú bajo la dirección de Lin-Tao.

 A continuación aportamos un exahustivo análisis del compositor Salvador Martínez García, primer musicologo que ha analizado con rigor la obra de Julián Santos.

Suite Elegíaca

Compuesta en el año 1954 como homenaje a su patria chica, Jumilla y concretamente al místico y enigmático paraje de la sierra de Santa Ana del monte donde existe un importante yacimiento de la época ibérica en España (500 años a.c.) dividido en tres zonas, el poblado, un santuario y tres necrópolis de incineración, a su vez en este mismo paraje encontramos una fuente que mana agua desde el interior de la sierra y un monasterio franciscano que se erige como guardián de toda la sierra. La Suite Elegíaca de Julián Santos dividida en seis movimientos gira en torno a todos estos elementos y a el propio misticismo del paraje que inspiró y atrajo al autor para escribir esta obra mas cercana al impresionismo francés de Debussy y Ravel que a la música nacionalista española de la época, en ella nos describe el recorrido de un peregrino por todos estos enigmáticos. Fue escrita originalmente para piano aunque el propio autor dejó orquestados dos movimientos, el II y IV, siendo Roque Baños el autor de las brillantes orquestaciones de los otros cuatro movimientos.

  • I A manera de Exordio

Es el preludio de este intenso y emotivo recorrido, comienza con un estilo muy libre, casi rapsódico, de íntima improvisación. El primer tiempo de esta suite es algo más que lo que anticipa el titulo, preámbulo, prólogo, introito, es una verdadera declaración de principios musicales, una advertencia, incluso un anuncio de la originalidad de su lenguaje. De gran densidad armónica, rítmica y melódica, esta pieza es la de mayor riqueza y complejidad de toda la suite. Todos los elementos del lenguaje son puestos en la composición en un alarde exuberante de creatividad y recursos musicales. De forma y estructura libre, a manera de preludio y como una fantasía, este movimiento utiliza un lenguaje muy sofisticado, la armonía es compleja con el uso de un gran cromatismo en los enlaces de acordes, las progresiones armónicas oscilan desde movimientos por el circulo de quintas a uniones inesperadas y abruptas. La melodía, parte de dos motivos básicos que recurren a lo largo de la obra en múltiples configuraciones, imitándose en progresiones o uniéndose para crear nuevos motivos melódicos. Extensamente cromática, a veces se opone a la armonía, otras veces discurre al margen de ella y casi siempre con su intervención colorea el discurso creando nuevas armonías. Retardos, bordaduras y apoyaturas son usados extensivamente apoyando aún más un sonido altamente expresivo.

  • II Ante las ruinas de Coímbra

El segundo movimiento, consta de dos partes muy diferenciadas. La primera es un Scherzo ternario y la segunda un Adagio Fúnebre. La obra es una descripción del lugar jumillano del mismo nombre, donde se encuentran fundamentalmente restos arqueológicos funerarios íberos. El primer tiempo crea una sensación de desasosiego, de confusión donde el peregrino da la sensación de no saber hacia donde camina a partir de elementos rítmicos y melódicos repetidos y el segundo es una clara alusión a los restos del yacimiento. En el inicio, se muestra todo el potencial de la pieza, el motivo inicial, elaborado a partir de dos incisos diferentes, es el generador de todos los elementos de la pieza. De textura monofónica con duplicaciones a la octava, la monotonía se ve rota por armonías sobre las que descansan las frases musicales. La segunda sección nos muestra al compositor dividido entre lo culto y lo popular, conocedor de ambos mundos, el autor intenta aunarlos en una magnífica y personal partitura que encumbra los elementos populares, dignificándolos sin perder su esencia y compartiendo con los elementos estilísticos de vanguardia presentes en toda la obra

  • III Introito y Danza

En este tiempo, el autor cambia drásticamente de lenguaje. La textura se vuelve cristalina y los elementos musicales son lo que parecen. La disonancia se retira del primer plano y el carácter cantable de la pieza se apodera inmediatamente del oyente. A manera de introducción y con vocación de preludio, sus treinta y dos compases, son un ejemplo del uso de la cuarta y la armonía producida por ella. La danza, es un eco de la música popular de la que es un buen conocedor el autor. En el discurso de la obra parece un descanso festivo de carácter Nacionalista, tras la tensión de los movimientos iniciales.

  • IV Fuente Escondida

Este movimiento, es una lírica melodía en modo eolio, de carácter grave y majestuoso. Dividida en dos partes muy contrastadas, la primera es algo misteriosa, la segunda muestra el descubrimiento de la fuente a través de citas directas al movimiento del agua. Constituye el corazón de la suite, es una pieza sumamente intimista y delicada, probablemente escrita para el propio deleite del compositor. Aquí el peregrino se encuentra en la "fuente de la jarra", muy cerca del monasterio. En la orquestación de Santos percibimos el fluir del agua de esta enigmática fuente en el glissando de los violines y acompañamiento del arpa. Un solo de trompa nos vuelve al entorno enigmático donde la emoción vuelve a embargarnos con una bellísima y épica melodía.

  • V Hacia el Monasterio

De nuevo el clima de inquietud envuelve al peregrino, utiliza repetidamente el mismo esquema rítmico cromáticamente transmitiendo de nuevo una sensación de movimiento e inestabilidad, pero a diferencia del segundo movimiento, aquí lo desaparece lo profano envolviéndonos en un clima religioso y de gran recogimiento. Si anteriormente caminábamos hacia lo pagano en este momento respiramos un clima de gran intensidad espiritual donde el andante religioso es un recuerdo a las rogativas que se hacina a la venerada imagen de la Abuela Santa Ana que se encuentra en el monasterio franciscano del mismo nombre. De nuevo el autor nos obsequia con efectos sonoros de campanas que parecen convocar al pueblo el cual acude a esta llamada espiritual en el momento de interpretación de una copla popular.

  • VI En plena Serranía

El caminante se libera de ese clima de angustiosa inestabilidad, como si hubiese purificado el espíritu en este santo lugar, abordando el compositor un tema grandioso muy marcado donde se funden todos los elementos anteriormente descritos. De forma tripartita este último movimiento de la suite nos ofrece nuevas originalidades de este compositor. Con aire de danza y desenfadado, lo primero que choca al oyente es la elección de una tonalidad convencional sin embargo nada convencional nos depara; el cromatismo omnipresente, el tritono y las progresiones de engaño resultan un buena final, una perfecta recapitulación de los principios expuestos en la obra, eso si, enmascarados en una escritura cristalina y diáfana.

Hypnos

El Dios del sueño, originalmente escrito para piano. Aquí nos encontramos de nuevo con el Julián Santos impresionista, muy en la línea de los preludios de Debussy, aunque con la impronta particular del maestro. La obra crea la sensación de descuido y premura, de frescura, de improvisación a partir de un motivo armónico, lánguido, oscuro, manteniendo como fondo a lo largo de toda la primera parte de la pieza el ritmo marcado por los acordes derivados de la escala hexátona, propios del impresionismo, contrastan con esta misma escala en el ostinato melódico. Esto da paso a una melodía espectral y fragmentaria, épica y evocadora, la cual parece surgir espontáneamente, aunque de forma muy delicada, mostrándose al completo, suntuosa y consumada al fin en un lenguaje heredero del modalismo propio de principios del S. XX. Acordes y armonías paralelas en mixtura de órgano, la referida escala hexátona el uso del pedal, recurrencias y un gran estaticismo armónico producto del modalismo entroncan a esta obra con el lenguaje más puro del impresionismo francés tamizado por el lenguaje original y personal de lo que podríamos llamar un "impresionismo español". La orquestación de Roque Baños, sencilla, dulce, llena de colores aporta gran belleza a este preludio.

Tanathos

El Dios de la muerte, este poema sinfónico escrito originalmente para piano y orquestado por Roque Baños. Parte de una célula rítmico-armónica generadora de todos los aspectos formales de la obra. Omnipresente en la primera parte, melodía, armonía, ritmo y textura se entretejen y organizan a partir de ella con un carácter trepidante, favorecido melódicamente por el uso de otra célula, esta vez melódica basada en dos cuartas y una tercera consecutivas. La segunda parte, contrasta con la primera en un tema mas lento y un discurso rapsódico, aquí podemos observar la capacidad melódica del autor, ofreciendo un mismo lirismo ya puesto de manifiesto en su inmensa obra escénica. Tonal en su concepción, el uso de bemoles en la armadura le confiere un carácter oscuro a la obra, llevándonos al Julián Santos más dramático y evocador. Es de destacar la orquestación de Roque Baños, en la que de forma acertada pone de manifiesto los elementos estructurales y formales de la obra. El color, el contraste y las dinámicas presentes en esta exuberante y a la vez delicada orquestación aportan luz a la comprensión del difícil lenguaje de Julián Santos.

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Romance Brujo

En este preludio sinfónico de Julián Santos, es fácil observar las dos influencias mas directas que tuvo, por un lado el impresionismo musical surgido a  principios del S. XX, a través del estudio de los iconos de este, Debussy y Ravel, y por otro la otra gran influencia del legado musical de Falla, puesto de manifiesto en el uso de elementos que recuerdan un supuesto origen popular. En este "Romance Brujo" el compositor hace uso de esa técnicas para conseguir sus necesidades expresivas, acordes paralelos en mixtura de órgano donde todas las notas de los acordes se mueven en las misma dirección en intervalos iguales, escalas cromáticas en las diferentes secciones de la orquesta con alternancia de grupos tímbricos, ritmos oscuros frenéticos, casi a veces, incluso polimétricos y polirrítmicos, todo lo cual da como resultado una obra que podría conectar con las corrientes europeas mas vanguardistas de su época. La orquestación, de aparente sencillez, muy en la línea de estos grandes maestros del impresionismo francés, le confiere un color específico a esta obra gracias al uso de múltiples secciones donde los instrumentos agrupados por familias ofrecen sonoridades puras y contrastadas casi a manera de los conciertos "grossos" barrocos, en un gesto claramente Neoclasicista.

Iris

Es difícil encontrar ejemplos de poemas sinfónicos en la literatura española para orquesta, y menos aún que en Murcia aparezcan varios de esta forma musical. Por un lado Manrique de Lara con su "Orestiada" y por otro Julián Santos redescubierto para esta forma con "Iris", del que desgraciadamente sólo se conserva la partitura de piano, al haberse extraviado la orquestación y que muy sabia y artísticamente ha rescatado el también compositor Roque Baños. En su título reza de "ambiente valenciano" y es cierto, que el autor demuestra un tan amplio conocimiento del folklore regional que mas bien podría haberse titulado "sinfonía valenciana", los motivos y la recreación de "las maneras de tocar" de los grupos folklóricos valencianos, esta recogida de forma magistral, sin caer en localismos pedantes y en una suerte de "nuevo nacionalismo" poco conocido por el público en general acostumbrado al "flamenquismo" y "lo español". A manera de preludio orquestal, el compositor repasa algunas melodías tradicionales que son el hilo conductor de una estructura en la que la armonía y la textura nos hacen recordar en algunos momentos los grupos dulzaineros valencianos "la pita" y en otros el canto desgarrado y solitario de las faenas de la tierra. Amplia y colorista, en la obra hace un uso extensivo de las imitaciones y el contrapunto alejándose del Julián Santos abstracto y puro de otras obras, para acercarse al público de la calle en uno de los estilos que mas le gustaba cultivar, la música de raíz española.

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Catálogo de la Música Sinfónica

1.- Romance Brujo - Preludio Sinfónico

2.- Iris (Orquestación Roque Baños) - Poema Sinfónico

3.- Hypnos  (Orquestación Roque Baños) - Preludio Sinfónico

4.- Tanathos  (Orquestación Roque Baños) - Preludio Sinfónico

5.- Suite Elegíaca / 1954

     - A Manera de Exordio  (Orquestación Roque Baños)

     - Ante las Ruinas de Coimbra  

     - Introito y Danza  (Orquestación Roque Baños)

     - Fuente Escondida

     - Hacia el Monasterio  (Orquestación Roque Baños)

     - En Plena Serranía  (Orquestación Roque Baños)

6.- Preludio Elegíaco / 1962

7.- Marchas Fúnebres  (Orquestaciones de Eugenio Santos)

     - Getsemaní

     - Luz

     - Para Siempre

     - Eternamente

     - Cristo de la Misericordia

     - Llorona

     - Saeta

     - Jesús Prendido

     - Un Recuerdo

     - La Campana

     - La Pasión

     - Cristo de la Salúd

     - Ecce Homo